La Serie

Si exceptuamos a Tarzán, desde que vinimos al mundo, nos vemos obligados a convivir con nuestros semejantes. Con la familia, en la guardería, la escuela, los colegas, en el trabajo, en el asilo...

Si en la simple convivencia entre dos personas ya pueden saltar chispas, imagínense una casa en la que habitan seis seres de personalidades antagónicas.

Los Glumpers son un clan, una pandilla de amigos que conviven juntos y cuyas distintas y acusadas personalidades individuales interactúan continuamente. Su casa, su hogar, viene a ser una especie de reactor nuclear en el que una pequeña interacción entre sus partículas puede provocar una reacción en cadena de consecuencias desastrosas.

Por fuera, los Glumpers no se parecen en nada a un ser humano, eso es cierto. Pero si observamos su comportamiento veremos que son clavados. Desconocemos si los Glumpers son ateos o no, pero son asiduos practicantes de los pecados capitales: Ira, envidia, gula, pereza, soberbia y avaricia (la lujuria no, pues a los Glumpers no les interesa el sexo a pesar de ir todo el día en pelotas)

Al conocer a un Glumper, el ser humano experimenta un sentimiento de fraternidad y al mismo tiempo de alivio.

De fraternidad porque ve que no es el único espécimen del universo capaz de sentir tan bajos instintos.

De alivio porque, así como entre humanos una simple discusión entre amigos acaba, como mucho, en un par de insultos, en el caso de los Glumpers puede acabar con una explosión atómica.